Cómo un cineasta teje redes agroecológicas

Alejandro Ramírez Anderson filmó diez cortos que ayudan  a los agricultores convencionales a pasar a la producción agroecológica. Los videos de Cuba se miran en todo el mundo. Ya hay otros países que quieren realizar documentales para su región.

Quito. – Alejandro se ríe, contándonos que recientemente ha recibido correos electrónicos de Grecia y Ucrania. Los remitentes escribieron que querían publicar también sus vídeos allá, preferiblemente con subtítulos en su propio idioma.

No esperaba eso, dice Alejandro, poniéndose serio. “La gente está buscando alternativas a la forma de  producir alimentos que rige nuestra vida”. El modelo actual con pesticidas sintéticos y largas rutas de transporte es de ayer. “Por eso nuestros videos son una bofetada en la cara para algunos, en cambio para otros abren nuevos horizontes”. 

Alejandro Ramírez Anderson (45), padre de cuatro hijos y una vez abuelo, viene de todas partes. Nació en México, tiene nacionalidad  guatemalteco, pero creció en Cuba. Vivió en Nicaragua, Venezuela y Guatemala. Hace un año se estableció en la capital ecuatoriana. Aquí filma, hace fotografías –también para mutantia.ch– enseña a estudiantes de cine y con regularidad va y viene del aeropuerto. El catálogo audiovisual con sus cortos documentales sobre la producción agroecológica ha despertado interés en otros países. Recién regresó de su investigación preliminar en Argentina.

De la biblioteca a la pantalla

Todo comenzó hace ocho o nueve años, Alejandro no recuerda la fecha. En ese momento vivía en Cuba e Indio Hatuey le pidió que hiciera videos institucionales. Fundado en el 1962, fue el primer centro agrícola de la todavía joven revolución cubana. El centro experimental, donde también se llevan a cabo investigaciones sobre la agricultura orgánica y sostenible, sobrevivió a Fidel Castro (1926-2016) y sigue asesorando a los agricultores del país, hasta hoy en día.

Durante el rodaje de los videos para Indio Hatuey, Alejandro se dio cuenta de que, para la formación de los agricultores cubanos, se estaba haciendo un gran esfuerzo. Quiso saber dónde se encuentran las investigaciones, por ejemplo sobre el tema de la agroecología. La respuesta del director: en la biblioteca.

¿Qué agricultor, pensó Alejandro, va a buscar información en la biblioteca sobre la mejor manera de hacer agricultura? El cineasta olió la mecha y llegó a la conclusión de que podía reunir los resultados de la investigación en videos cortos. El acceso al conocimiento debía simplificarse, no sólo para los agricultores.

Poco después Alejandro se puso en campaña. Anhelaba que su producción sea algo bueno, algo que le guste mirar al público. “Cuando se trata de temas agrícolas la gente opina que se puede producir a bajo costo”, dice Alejandro. “Esa es una actitud bastante arrogante, porque después de todo, nuestras vidas dependen de los agricultores. Por eso para mí fue importante combinar el contenido con lindas grabaciones y música adecuada”. Dos años enteros estuvo buscando patrocinadores. Finalmente los encontró en Oxfam, la embajada holandesa, la asociación francesa Terre Solidaire (CCFD) y la asociación cubana de pequeñas granjas, con financiamiento de la Agencia Suiza para el Desarrollo (COSUDE).

Un pequeño break para el director: Alejandro Ramírez Anderson con un ternero de cabra recién nacido. El vídeo sobre la producción caprina se encuentra al final de este texto.                                                 FOTO: Jorge Ricardo

Alejandro se puso en contacto con animadores, productores de cine y mezcladores de sonido, “de los mejores de Cuba”, y comenzó a filmar. Desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, sin pausa. Se debían producir dos documentales por día. Las cortas distancias alrededor de Matanza, un pequeño pueblo al este de La Habana, lo hicieron posible. No sin incidentes. Un día, el mismo granjero tuvo que pararse frente a la cámara para dos temas diferentes. Para no llamar demasiado la atención, Alejandro simplemente se quitó la camiseta y la cambió por la del protagonista para la segunda sesión. “Al final, habíamos calculado demasiado justo el tiempo”, admite Alejandro en retrospectiva. Hubo que añadir dos días más de rodaje.

El equipo filmó en diez lugares diferentes sobre diez temas diferentes, entre ellos la cría de conejos, los microorganismos y el cultivo de lombrices. Los cortometrajes muestran también las ventajas de las combinaciones hierva-arbustos-árboles y de las cercas vivas. La diversificación de la agricultura, uno de los principales argumentos de la agroecología, también se refleja en todas las cápsulas.

Llama la atención que los protagonistas de la película no son nombrados ni se menciona su función; todo esto sólo ocurre en los créditos al final. “De lo contrario, la gente será categorizada y dividida en académicos o agricultores”, dice Alejandro. “Para mí es importante demostrar que la agricultura es un bien común, no importa de dónde provengamos o cómo nos eduquemos”.

Para el primer volumen del catálogo audiovisual en Cuba se trabajo desde las seis de la mañana hasta las seis de la noche: una mezcladora de sonidos y un fotógrafo haciendo su labor.              FOTO: Alejandro Ramírez Anderson 

En su entorno, muchos colegas se sintieron ofendidos. ¿Para qué trabajas en agricultura?, fue el reproche. Con eso no se gana dinero ni premios. Pero a Alejandro no le interesa. Para él es más importante que los conocimientos adquiridos de la teoría y la práctica se difundan y se reproduzcan. Con éxito.

Las cápsulas no sólo fueron utilizadas en países europeos, sino también por varios movimientos en América Latina: desde los indígenas zapatistas en el sur de México, hasta los ex combatientes de las FARC en Colombia, o los Sin Tierras en Brasil. También Universidades y escuelas agroecológicas miran las cápsulas. Además, para este año tiene previsto rodar otros diez documentales cortos entre Argentina y Uruguay. También se está conversando el tema con ONG’s en Ecuador y Guatemala. “Cada lugar tiene sus propias condiciones específicas”, explica Alejandro, “así que uno se puede inspirar en los videos de Cuba, pero es difícil hacer una comparación”.

“Para el resto de mi vida”

En Argentina, cuenta el cineasta, la industria agrícola es tan dominante que los científicos y agricultores involucrados en el proyecto no hablan de agroecología como en Cuba, sino de un “sistema de transición”. En los monocultivos del Río de la Plata se han fumigado tantos pesticidas sintéticos en las últimas décadas, que llevará tiempo para que el suelo se recupere. El rodaje para Argentina se va a realizar en mayo.  

Recientemente, uno de los hijos de Alejandro le preguntó cuándo iba a realizar los primeros documentales en África. Sus ojos brillan al pensar que “probablemente el proyecto caminará conmigo por el resto de mi vida”. En Cuba, por ejemplo, ya se está planificando un segundo volumen. El enfoque: mujeres productoras en agroecología. Alejandro sueña con llegar a la ONU con la idea del catálogo, “eso sería fantástico”.

Texto: Romano Paganini

Foto principal: El equipo de filmación en el campo alrededor del pueblo Matanza, Cuba: Director Alejandro Ramírez Anderson asumió la responsabilidad de crear cortometrajes de alta cualidad para difundir la agroecologia. (Alejandro Ramírez Anderson)