Proyecto Mirador: Una jefa que miente en chino

En Tundayme, al sur del Ecuador, se está construyendo una de las minas de cobre más grandes de la región. A cargo se encuentra una empresa estatal China y contratistas del país asiático. El intento de conversar con uno de ellos confirmó un prejuicio: que China opera como le da la gana.

14 de agosto de 2019, Tundayme, Ecuador. – Un joven ecuatoriano está buscando trabajo, pero la joven china primero quiere ver un sello. “¿Dónde está la vacuna antitetánica?”, pregunta en español, “necesito el documento original, de lo contrario no puedo dejarte trabajar”. Está en mi habitación, responde el hombre y se va corriendo.

Al candidato dos también le faltan algunos detalles. Su pregunta tímida acerca de si una copia también sería válida es respondida de forma cortante. La mujer del país asiático, de apenas treinta años, no está de buen humor, parada frente a su lugar de trabajo, una casa de cemento, el pelo recogido, la blusa perfectamente blanca, y en su mano una carpeta amarilla como si fuera una Biblia.

Son un poco más de las nueve y en la planta baja de la casa donde se ha establecido la Condao S.A.*, chisporrotea algo picante en la sartén. La cocina no tiene ventanas, y el vapor se esparce por la calle. La lluvia ha disminuido y los camiones y volquetas de los contratistas y subcontratistas se dirigen hacia la mina. La cámara en la pared, cerca del balcón, parece estar apagada. Una mujer con delantal barre el polvo de la parte trasera de las escaleras que abren paso a las oficinas.

Al candidato número dos, como a su compañero, no le queda más remedio que buscar el original de su vacuna.

Un nuevo polideportivo para la Parroquia, pero los ríos contaminados: futuros mineros en el curso de primeros auxilios en Tundayme, Provincia Zamora Chinchipe.

He venido el día anterior para saber como Condao S.A. llegó a Tundayme, este remoto lugar en la frontera con Perú, donde hasta hace unos años la gente vivía de la agricultura, antes de que los presidentes de China y Ecuador decidieran expropiar a los habitantes y construir una mina de cobre en sus tierras. El proyecto Mirador es uno de los cinco proyectos mineros de Ecuador definidos por el gobierno como “estratégicamente importantes para el desarrollo del país”. La empresa estatal china Ecuacorriente S.A., conocida como ECSA, es la responsable de la construcción.

Desde el 18 de julio empezó la extracción de cobre y a fines de 2019 está previsto dar inicio a la producción en pleno. Las consecuencias para las personas y el ambiente ya se ven hace unos años: cientos de hectáreas de bosques deforestados, aguas contaminadas y una comunidad que, de alguna manera, está tratando de hacer frente a las nuevas condiciones de vida. Los que trabajan para ECSA hoy en día permanecen en silencio. Los que se defendieron fueron humillados, perseguidos -a veces hasta hoy- e incluso asesinados, como ocurrió con José Tendetza. El cuerpo del líder shuar de la comunidad Yanua Kim fue encontrado en diciembre de 2014, flotando en el río Chuchumbletza, atado con una cuerda. Según la policía criminal, el hombre de 47 años había sido estrangulado entre tres y cinco días antes de haber sido hallado. También encontraron rastros de golpes en su cuerpo. El caso del asesinato aún no ha sido resuelto.

¿Y si la joven con la Biblia amarilla estuviera al tanto de estos hechos?

 

¿Ganancias a precio de qué?

Condao S.A. llegó a Ecuador en el mismo año cuando Tendetza fue asesinado y ECSA -escoltada por la policía ecuatoriana- demolió la iglesia y la escuela de San Marcos, un barrio de Tundayme. Donde antes se encontraban las casas de los vecinos, y donde pastaban sus animales, ahora se está construyendo una pileta de relave.

Cuando me acerco a la joven de China, ella quiere saber dónde están mis papeles y qué trabajo estoy solicitando. Como ayer, intento explicarle quién soy y por qué quiero hablar con los responsables de la empresa. Me mira como si viniera de la luna. Pero a diferencia de ayer, no puede derivarme a Pablo. Porque Pablo, el ingeniero desconfiado de Ecuador, hoy no está aquí.

Ayer estaba sentado en una de las oficinas provisionalmente amuebladas en el primer piso y me pidió mi carné de prensa, incluso antes de que pudiera hacer la primera pregunta. Murmurando, dijo que su jefe no está y que si quería podía esperarlo. Eso es lo que hice: cinco minutos, diez, quince y cuando pregunté después de veinte minutos si el jefe volvería, me dijo que no podían ayudarme. En ese momento no sabía que ya había hablado con él, o mejor dicho: con ella.

Un barrio desaparecido: San Marcos, lugar donde vivían familias y pastaban animales, expropiado para dar paso a las piscinas de relaves del Proyecto Mirador.

En medio de la espera llega una camioneta gris y el conductor, un asiático flaco y alto, enciende un cigarrillo. El humo se mezcla con el vapor picante de la cocina. Comienza a retirar los cubos de plástico y las bolsas de arpillera de la caja de carga. Este debe ser el jefe, pienso. Pero antes de hablar con él, le pregunto una última vez a la mujer de la Biblia amarilla. Pero ella ya se percata de la situación y me indica que no entiende español…

Eso es lo que todos están haciendo aquí, me dijeron ayer. Si quieren, te entienden. Y sí no quieren, no te entienden.

Aparentemente, a mí no me quieren entender, y esto es comprensible. En China los empresarios no están acostumbrados a responder preguntas de personas ajenas a la empresa, y ni hablar de periodistas. Una mentalidad que también siente la gente local, por ejemplo Santiago, que en realidad tiene otro nombre. “O se quedan callados o te gritan”. Santiago es uno de los subcontratistas ecuatorianos, o sea la última parte en la cadena de valor de la mina. Está presente con unos camiones en la montaña, ayudando a transportar cientos de miles de toneladas de escombros y tierra de un lado a otro. El ingeniero lo hace porque no encuentra otro trabajo y no porque le guste colaborar con los chinos. “Primero exigen todo tipo de papeles, vacunas y certificados médicos, luego te tratan como a un animal. Y para colmo, pagan mal”.

 

¿No ves que somos trabajadores?”

Me dirijo hacia las escaleras donde se encuentra la mujer con el delantal y la escoba; era evidente que ella había escuchado mi conversación con la joven de la Biblia. “Dígame, ¿quién es el jefe aquí?”, le pregunto. Sin mover los labios, señala a la mujer con la Biblia y al conductor de la camioneta. Ellos son los jefes, dice en voz baja. Santiago, que hace dos años trabaja en Tundayme, me lo confirmará después. Ellos son casados y dirigen la empresa. 

Miro a la camioneta donde el hombre descarga los últimos cubos. Cuando empiezo a hablar con él, niega con la cabeza y dice que no habla español. “¿Eres el jefe?”, quiero saber, y él responde: “No”.
Luego toma los cubos, uno a la izquierda y otro a la derecha, y regresa a la bodega que está justo al lado de la cocina. Cuando regresa y expulsa el humo de la boca, le explico lo mismo que a su esposa. También digo que en Ecuador existen otras reglas de juego y que quisiera tener alguna información acerca de la empresa. “¿No ves que somos trabajadores?”, responde en español y con poca paciencia, señalando la caja vacía de la camioneta. “Un jefe no haría esto. De todos modos no podemos dar ninguna información”.

*Durante nuestra visita a la empresa nombrada anotamos el nombre de Constructora Daobang S.A. Condao, como figura en un cartel a la entrada de las oficinas. Dado que no había forma de indagar a las personas responsables tomamos por hecho que la empresa se llama así. Sin embargo, los trabajadores la conocen como Condao S.A. Buscando este nombre en Internet nos aparece Constructora Daobang S.A. Condao, un fabricante de cemento de China, con sede en Duran Tambo, Guayas. Según EMIS, un servicio de información internacional sobre mercados emergentes, la empresa tiene cuatro empleados y en el 2017 aumentó sus ingresos netos en casi 160 por ciento; en 2018 se habla de un aumento de otros 36 por ciento.

 

Texto y fotos: Romano Paganini

Foto principal: Botas frente a una casa en Tundayme: en el proyecto Mirador, al sur de Ecuador, se han violado derechos humanos y de la naturaleza