Guerreros Sentados

Ensayo

 Guerreros sentados

La guerra tiene múltiples caras.
Algunas nunca se ven.
Intento de un acercamiento.

 

1978 en Afganistán empezó una guerra, que dura hasta hoy en día. 40 años de ametralladoras, bombas y ataques aéreos.

Cuarenta.

El conflicto en el Hindu Kush cobró tantas víctimas que revelarlo en números parece cínico. La miseria no requiere estadísticas. Al lado de Estados Unidos e Inglaterra participan también soldados de más que cuarenta naciones, entre ellos Alemania, Dinamarca y Australia.

Tamer, Ole, Boris, Steve e Jens todavía no habían nacido cuando el conflicto estalló. Los cinco soldados vienen de cinco países diferentes, pero hoy en día disparan todos en la misma dirección.

Cuando los días empiezan a oscurecerse se sientan en la tierra y charlan. A veces en Inglés, pero mayormente con manos y pies. Las historias de sus patrias las decoran con muecas, el pasado con sonidos animalescos. No porque les parece divertido sino porque, en caso contrario, no se entenderían. Bueno, en realidad es de todo un poco, ya que en sus vidas se muere todos los días y reírse cada tanto no está demás. Normalmente toman té y fuman los cigarrillos de Steve. Él es guardián en el almacén de materiales y cada tanto trae cosas. A veces hay chocolate.

* * * * *

Hoy le toca hablar a Tamer. Él es el único de los cincos cuya familia vive aquí, a doce horas en carro, según las condiciones de la ruta. Pero Tamer no está muy motivado. Observa las caras cansadas de Ole, Boris, Steve e Jens. Como todos los días, hoy se juntaron a fumar sentados en la tierra.

De repente Tamer coge la mano de Ole e Jens, uno a la izquierda, el otro a la derecha, y exige a los demás que hagan lo mismo. Los hombres se miran. Sonrisas en la garganta.

, dice Tamer, que pasó  mucho tiempo desde que han tenido alguien de la mano, para colmo un hombre. Es algo que no conocen en sus culturas. Pero no pasa nada. Simplemente háganlo.

Steve quiere hacer una broma, pero no tiene ordenadas sus palabras y desiste.

* * * * *

Después de unos segundos los cinco hombres se cogen de la mano. Tamer, Ole, Boris, Steve y Jens.

Yo soy Tamer, hijo de Raschid y Basma, nieto de Mohamed e Aisha como también de Mohamed y Fatima, hermano de Amal, Dschamila, Halil y Karim, padre de Tarek y Schakira, esposo de Amana.

Exhalación. Tamer mira a Ole, que está sentado al lado de él, mirando al suelo. Ole quiere decir que no puede hablar sobre su familia. Ni aquí, ni ahora. Pero sólo mueve la cabeza.

Tamer mira hacia los otros. Él es el callado de la ronda, prefiere expresarse con gestos y miradas. Pero sabe también que de donde vienen Ole, Boris, Steve e Jens el lenguaje hablado es fundamental. Por eso, y para que no caiga la ronda, está buscando las palabras. Pero Boris se le adelanta.

Yo soy Boris, hijo de Maria y Gabriel, nieto de Blerim y Genta como también de Valon e Yllka, hermano de Admir y Ervin, padre de Jenny e Ann, esposo de Priscilla.

Boris le devuelve la mirada a Tamer. Sonrisas internas. Silencio. Los hombres mantienen contacto. Tamer trata de ser paciente, espera las palabras del próximo hombre.

Yo soy Steve, hijo de Linda y Parker, nieto de Winston e Amalia como también de Fritz y Jennifer, hermano de Jonathan, novio de Heather.

Cinco guerreros, cinco hombres, cinco hijos. El viento trae el sabor a fruta seca sobre la plaza. Tamer cierra los ojos.

Yo soy Jens, hijo de Martina y Arnold, nieto de Peter y Franziska como también de Franz y Marta, hermano de Isabelle, padre de Lorenz, novio de Tanja.

Mañana vuelven a la línea de fuego. Llevar la ametralladora en el hombro, llenar el cargador, apuntar, disparar. Ojalá que haya tiros en la cabeza. Así la meta desaparece más rápido del retículo y se sufre menos. Igual, el sufrimiento es muy relativo en un lugar donde se dispara hace cuarenta años. En occidente los muertos de Afganistán hace rato son mencionados en el newsflash semanal, casi en la misma frase con los resultados de la liga. También Tamer, Ole, Boris, Steve e Jens podrían aparecer en la lista de los incontables.

El regreso mañana de la linea de fuego y la ronda diaria sentado en la tierra para fumar los cigarrillos de Steve es tan incierto como el fin de la guerra en el Hindu Kush.

Yo soy Ole, hijo de Franziska y Magnus, nieto de Linda y Markus como también de Ari e Hermine, hermano de Klaus, Jonas y Jana, padre de Eva, esposo de Lorena.

Nada más. Ni silencio. Solo una ronda de hombres con diez manos y cinco familias.

Suficiente para hacer sentir una guerra.

Texto: Romano Paganini

Ilustración: Catalina Perez Camargo